Figuras de ventriloquia

Una figura de ventriloquia es el muñeco utilizado por un ventrílocuo para crear la ilusión de que la voz procede del personaje y no del intérprete. La técnica combina interpretación vocal, desvío de la atención, sincronización de la boca y manipulación de la figura.

La ventriloquia no consiste literalmente en “lanzar” la voz. El efecto depende de hablar reduciendo al mínimo el movimiento visible de los labios, modificar el timbre del personaje y dirigir la mirada del público hacia la figura. Algunos sonidos labiales resultan especialmente difíciles y se sustituyen mediante técnicas fonéticas aprendidas.

Las figuras tradicionales, a menudo construidas en madera o materiales rígidos, incorporan una mandíbula móvil accionada desde un control interior. Los modelos más complejos pueden mover los ojos, los párpados, las cejas, las orejas o el cabello. Sin embargo, una figura de ventriloquia no necesita ser rígida ni disponer de muchos mecanismos: también se emplean títeres de guante, títeres de boca, figuras textiles e incluso la propia mano caracterizada.

La sincronización debe producirse con las sílabas y el ritmo del habla. La mandíbula suele abrirse con el sonido y cerrarse al terminarlo, evitando movimientos continuos sin relación con la voz. La personalidad del personaje se construye además mediante su postura, sus reacciones silenciosas y el contraste entre lo que expresa el ventrílocuo y lo que parece pensar la figura.

La ventriloquia tiene antecedentes vinculados a prácticas religiosas y adivinatorias, pero se consolidó como entretenimiento escénico moderno entre los siglos XVIII y XIX. Alcanzó gran popularidad en el music hall, el vodevil, la radio y posteriormente la televisión.

En resumen: la figura de ventriloquia cobra vida mediante la combinación de voz diferenciada, labios casi inmóviles y movimiento sincronizado del muñeco.

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